Por este motivo, en palabras del Prof. Bertrand Tombal, de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) y miembro del Comité Directivo de la Academia Esquelética Europea, “la identificación, monitorización y tratamiento de la pérdida ósea y de la metástasis ósea son fundamentales en el manejo de los pacientes con cáncer antes de que sus huesos resulten afectados”.
Necesidad de concienciación
El Prof. Tombal fue uno de los participantes en una sesión formativa dirigida a medios de comunicación, celebrada en París en el marco de la reunión de la Academia Esquelética Europea (SCA), en la que también intervino el Prof. Thomas Brodowicz, de la Universidad Médica de Viena (Austria), que dirige el Grupo Centroeuropeo Cooperativo de Oncología (CECOG) y es también miembro del Comité Directivo de la SCA. Este especialista presentó los resultados de una encuesta realizada enero y febrero de esta año a un total de 250 especialistas europeos implicados en el tratamiento del cáncer. En concreto, fueron 125 urólogos y 125 oncólogos de Alemania, España, Francia, Italia y Reino Unido, cuyas respuestas sirven para comprobar el grado de concienciación existente acerca de la salud ósea relacionada con el cáncer. Los resultados revelan que nueve de cada diez encuestados consideró que el mantenimiento de la salud ósea es parte integral del tratamiento oncológico. Asimismo, el 99% de los urólogos y el 98% de los oncólogos manifestaron estar “muy preocupados” o “algo preocupados” por la enfermedad ósea relacionada con el cáncer de sus pacientes. Sin embargo, ese grado de concienciación no parece extenderse por completo a la práctica clínica, dado que más de un tercio de los especialistas declaró no monitorizar regularmente la salud ósea de sus pacientes, una proporción que asciende al 56% en el Reino Unido.Si el estado óseo de los pacientes oncológicos preocupara realmente a los especialistas, lo lógico sería comenzar la monitorización de la salud ósea desde el mismo momento del diagnóstico del tumor. Sin embargo, no ocurre así, según mostró el Prof. Brodowicz, pues es algo que únicamente lleva a cabo el 39% de los encuestados. En España ese porcentaje es incluso menor: 26%. El resto de especialistas tiene en consideración la salud ósea por primera vez una vez iniciado el tratamiento antitumoral o cuando está indicada la pérdida ósea.
Actividades formativas
En cualquier caso, cerca del 87% de los médicos participantes se declaró interesado en recibir formación sobre las enfermedades óseas derivadas del cáncer, y más de la mitad consideró que no existen actividades formativas adecuadas sobre el tema.Sus actividades, que cuentan con la colaboración de varias sociedades científicas y con el patrocinio de Amgen, están dirigidas tanto a los especialistas que lidian con el cáncer como a enfermeras y asociaciones de pacientes. En representación de estos últimos, Günter Feick subrayó la importancia de que los enfermos reciban información, formación y ayuda, y que como grupo pueden presionar para que los sistemas sanitarios concedan a la salud ósea la atención que precisa. Como objetivos, citó la necesidad de coordinar programas de investigación nacionales e internacionales que profundicen en las formas de preservar la salud de los huesos en los pacientes oncológicos. “Tenemos que cambiar las reglas en los sistemas sanitarios públicos para que los pacientes con cáncer reciban la mejor asistencia y tratamiento posibles para preservar su salud ósea”, manifestó.
Nuevas armas
El Prof. Bertrand Tombal incidió también en la importancia de difundir la información disponible acerca del cáncer en relación con la salud ósea, conocimientos que todos los médicos y personal de enfermería deben conocer. Recordó que el cáncer provoca que nuestros huesos sean más frágiles y que el esqueleto es una estructura continuamente en remodelación, bajo la acción de los osteoclastos –células que funcionan como destructoras de hueso- y los osteoblastos –generadoras de hueso-. Asimismo, explicó que las células tumorales son atraídas por el tejido óseo, donde dan lugar a metástasis que, a su vez, afectan al funcionamiento normal del hueso. “Sin embargo, existen fármacos para interferir en ese círculo vicioso”, dijo el Prof. Tombal. Por un lado, desde hace años se dispone de los bifosfonatos. Por otro, hay nuevas armas en el horizonte, como los inhibidores de la endotelina R y, más próximos, los inhibidores del ligando RANK, cuyo principal representante es el denosumab, una molécula que todavía no está aprobada, pero que ya recibió en diciembre de 2009 la opinión positiva del Comité de Medicamentos para Uso Humano de la Agencia Europea del Medicamento (EMEA).El denosumab, que se prevé autorizar próximamente para el tratamiento de la osteoporosis en mujeres posmenopáusicas, tiene potencial para retrasar las metástasis óseas y la pérdida de densidad mineral en pacientes con cáncer avanzado, propiedades que están siendo estudiadas desde hace tiempo. En opinión del Prof. Tombal, el hecho de administrarse por vía subcutánea cada 6 meses constituye una ventaja sobre el ácido zoledrónico, que se administra por vía intravenosa y, aunque sus efectos secundarios son bastante similares, se ha observado que el denosumab podría tener menor toxicidad renal.
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Fecha:
14 de Septiembre
Lugar: Barcelona |
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